Portada del sitio > Bibliografía > El bucle melancólico

Jon Juaristi

El bucle melancólico

Espasa Calpe, Madrid 1997

Frente a la argumentación victimista del nacionalismo vasco —no muy distinta de la que prevalece en la mayoría de los nacionalismos—, el autor de este ensayo propone una argumentación alternativa: el análisis de la leyenda, el rumor y los mitos a la luz de la historia, en su sentido más riguroso.

Lunes 4 de agosto de 1997, por DENAES

Jon Juaristi, El bucle melancólico. Espasa Calpe, Madrid 1997 Frente a la argumentación victimista del nacionalismo vasco, Jon Juaristi defiende que tras las reclamaciones abertzales no hay pérdidas u ofensas reales que exijan ser reparadas, sino la necesidad —propia de los trastornos melancólicos— de adelantarse a la pérdida para ganar siempre.

El autor propone una argumentación alternativa: el análisis de la leyenda y los mitos nacionalistas a la luz de la historia. Un recorrido por las biografías de las figuras más importantes en la genealogía del nacionalismo vasco, muestra la forma en que este movimiento ha logrado consolidar su hegemonía a costa de la marginación cultural y el sometimiento político de la mayoría de la población vasca, no nacionalista.

«Arana Goiri y su entorno mantuvieron ante la cuestión colonial una actitud coherente con su xenofobia —una forma embrionaria del racismo igualitario, que se dice respetuoso de la variedad humana pero que condena explícitamente el mestizaje—. [...] En Arana Goiri, sin embargo, esa xenofobia primaria está ya teñida de racismo, pero de un racismo paradójicamente diferencialista, surgido directamente de la práctica colonial. Si quisiéramos definir la xenofobia aranista tendríamos que hacerlo como un híbrido de racismo igualitario (todas las razas son iguales) sometido a una pauta dicotómica propia de un racismo diferencialista (algunas razas son más iguales que otras).

En teoría, para Arana cada raza —cada pueblo— tiene derecho a poseer su propio Estado independiente. Incluso tiene el deber moral de conseguir su Estado, porque, de no hacerlo así, degenerará inevitablemente en contacto con el pueblo invasor: su ímpetu vital y su cultura se debilitarán, hasta ser faltamente exterminada o absorbida o relegada a la condición de raza ilota por sus opresores»(págs. 212-213).