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Luis González Antón

España y las Españas. Nacionalismos y falsificación de la Historia

Alianza Editorial, Madrid 1997 (Segunda edición, 2007)

Luis González Antón, España y las Españas. Nacionalismos y falsificación de la Historia. Alianza Editorial, Madrid 1997 (Segunda edición, 2007)

Jueves 22 de marzo de 2007, por DENAES

Luis González Antón, España y las Españas. Alianza Editorial, Madrid 2007, Segunda Edición Este libro supone una completa revisión de la Historia de España escrita, como se recoge explícitamente, desde el profundo desasosiego y la frustración intelectual provocados por las fasificaciones grotescas de la Historia que han impuesto las doctrinas nacionalistas contra España, y también desde la “amarga pesadumbre” que produce el que el concepto de “español” se haya convertido en un insulto esgrimido en muchas partes de la nación contra los críticos de tales fanatismos irracionales.

Sobre la base de su conocimiento de la cronística y de sus sólidas investigaciones acerca de las instituciones y el ordenamiento político de Aragón y su Corona, o sobre las cinco Cortes estamentales subsistentes en la España de los Austrias, el autor pone en evidencia las falacias absurdas de los credos nacionalistas, a los que, en el caso catalán, acusaba Vicens Vives de inventarse una “historia misérrima”. González Antón demuestra que desde la época visigótica a los siglos medievales y modernos existe un mismo sentimiento de pertenencia a una antigua nación histórica española, compartido por gallegos, catalanes, castellanos, aragoneses o valencianos, integrados todos de manera natural en el más antiguo Estado de Europa. Analiza también los momentos de desencuentro de algunas élites de poder –-nunca de los “pueblos”— con la Corona y qué hay en realidad en el fondo de tales episodios; sobre todo, cómo algunos en el último siglo han querido encontrar en un pasado inventado imposibles identidades nacionales y revoluciones populares liberales, con las que han elaborado una “mitología nacional que vertebre” a una sociedad, pero imponiéndosela con métodos totalitarios.

En el análisis de la España contemporánea constitucional y liberal se explican las raíces y evolución de las pseudoreligiones nacionalistas, desarrolladas por unas minorías irrelevantes, de acusado carácter reaccionario, premoderno y racista, y sus vicisitudes durante la Restauración, la II República y las dictaduras de Primo de Rivera y Franco.

Partidario del Estado Autonómico como la solución históricamente más justa y vertebradora, el prof. González Antón analiza los graves errores de la Constitución sobre el particular y las indebidas concesiones a los partidos nacionalistas, primero de los repetidos intentos, siempre fracasados, de integrarlos en una España democrática, solidaria e igualitaria a la que no quieren pertenecer, sobre todo por su confesado rencor hacia la idea de igualdad de derechos de los territorios. Analiza los abusos, deslealtades, incumplimientos flagrantes de la Consitución y de las leyes, ante la lenidad de los gobiernos nacionales. Todo ello ha derivado no sólo en la negación de la nación española, sino en la exigencia de estas minorías de que se reconozca a España tan sólo como un Estado plurinacional de perfiles confederales. Y, no menos grave, en el establecimiento de auténticos regímenes opresivos, dictatoriales y clientelares que dominan unas sociedades amordazadas por la cobardía y el miedo, aparte el caso extremo del terrorismo vasco. Con un perverso efecto adicional: ha provocado que el sectarismo “nacionalista”, la agresividad y la violencia contra el disidente se hayan instalado en más ámbitos que el de la mera pugna política (desde la calle a la Universidad) y en más regiones.

El asalto al Estado Autonómico y la consiguiente crisis del sistema se está completando desde que, en 2003, el nuevo socialismo, renunciando a sus principios, como se ha reconocido desde sus filas, se ha aliado para formar gobiernos autonómicos con los sectores del nacionalismo independentista radical, potenciando sus políticas excluyentes. Tras la aprobación del rupturista nuevo estatuto de Cataluña, el gobierno de la Nación ha animado la de una nueva generación de textos del mismo tipo que supone la fragilización extrema de un Estado vaciado de competencias e incapaz ya de cumplir sus funciones esenciales, entre ellas la de redistribuir justamente la riqueza y garantizar la libertad y la igualdad de los ciudadanos. La propia radicalidad de los estatutos comporta su inaplicabilidad y también el aumento de los conflictos. Resulta inevitable sentir la frustración por que un sistema pensado para vertebrar se haya pervertido hasta abrir la puerta a un proceso de disgregación nacional, de balcanización indiscutible, con enfrentamientos interregionales sin precedentes en nuestro pasado.

Con escasa confianza en las más elevadas instancias judiciales para recomponer la situación a corto plazo, el Dr. González Antón se une a quienes reclaman una profunda reforma constitucional para blindar las competencias del Estado, recuperando algunas indebidamente cedidas, y para asegurar la indiscutible prevalencia del nuevo ordenamiento político-jurídico nacional sobre Estatutos y legislaciones autonómicas.

«Como corolario de todo ello, la tarea de salvación o recuperación de España aparece en los historiadores y en los propios monarcas actores como la idea matriz que debe inspirar todo esfuerzo de expansión. En contra de lo que pretenden algunos historiadores actuales, no se trata en absoluto —aquí tampoco— de una mitología "castellanista"; es una noción común a todos los núcleos. La recuperación justifica la acción política y es una misión religiosa ineludible y, por tanto, un deber superior a cualquier otro. Precisamente, la grandeza política de los monarcas se mide a veces por su esfuerzo reconquistador. Para Tomich, don Pelayo tuvo ’lo primer titol de Hispanya’, porque fue el primero en rebelarse. Para el autor de la Crónica de San Juán de la Peña, el destino de los reyes es luchar contra los moros, y Desclot ensalza a Ramón Berenguer IV porque ’fue muy fuerte contra los sarracenos... el que más ha conquistado’» (p.120)